Cuando una persona enferma, no enferma solo su cuerpo.
Se altera su vida, su familia, su economía, su energía, su capacidad de trabajar y su forma de relacionarse con el entorno laboral.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo recoge que, en España, más de 107.700 personas en edad laboral podrían recibir un diagnóstico de cáncer, y que un porcentaje importante de supervivientes refiere impacto en su calidad de vida, síntomas físicos, problemas económicos, falta de apoyo o comprensión en el entorno laboral y limitaciones en sus oportunidades profesionales.
Además, el absentismo laboral es ya una preocupación creciente para las empresas: en el cuarto trimestre de 2025, el absentismo en España supuso una pérdida del 7,1% de las horas pactadas, afectando cada día a casi 1,6 millones de empleados, y el absentismo por incapacidad temporal representó una caída del 5,5% de las horas pactadas.
No se trata de culpabilizar al trabajador.
Todo lo contrario.
Se trata de entender que cuidar la salud de las personas también es cuidar la sostenibilidad de la empresa.