El sistema inmune ¿qué es y cómo se cuida de verdad?

Si tienes o has tenido cáncer, me apuesto lo que quieras a que has escuchado o compartido algo relacionado con tu sistema inmune…

Que hay que tenerlo fuerte. Que comas hongos que eso va super bien. Que no te olvides de la Vitamina C. Y del Zinc, claro ¡toma Zinc! Y muchos suplementos. El sol es imprescindible, pero con protección o no, quién sabe. Y duerme, 8 horas siempre ¿lo del limón en ayunas? También, por si acaso.  

Todo el mundo te habla de él y te dice «cómo subirlo» pero cuando pregunto «qué es exactamente el sistema inmune, cómo funciona o qué partes lo componen» la conversación suele quedarse bastante rápido sin respuestas. Así que, he pensado que quizás merece la pena hacer una pequeña parada en mi día para ayudarte a entender qué es realmente eso que llevamos años intentando mejorar. Toma nota… 

Objetivo: darte a conocer de una forma muy sencilla y básica porque es importante cuidar nuestro sistema inmunológico no ahora… SINO SIEMPRE. Igualito igualito que el resto de nuestro cuerpo, que sólo tenemos uno y debe aguantarnos toda la vida lo más equilibrado posible. 

¿QUÉ ES EL SISTEMA INMUNOLÓGICO (S.I.)?

Se trata del sistema de defensa del que disponemos para luchar contra agentes externos a los que estamos continuamente expuestos: virus, bacterias, hongos y otros microorganismos que pueden actuar como agentes potencialmente dañinos; muchas de sus estructuras contienen ANTÍGENOS, moléculas que nuestro sistema inmunitario puede reconocer (y atacar) Los humanos disponemos principalmente de dos mecanismos de defensa:

  • INMUNIDAD INNATA (o inespecífica): es el sistema de defensa que tenemos activo desde que nacemos. No actúa sobre un tipo de invasor concreto, sino que nos proporciona una defensa más general, actuando frente a cualquier partícula que reconozca como ajena. Su velocidad de reacción es muy rápida, digamos que actúa en cuanto el invasor entra en contacto con nosotros. Nos defiende rápido. Pero una vez que ha aniquilado al invasor, se olvida de todo, por lo tanto si el invasor vuelve a atacarnos 1 mes después, nuestra inmunidad innata volverá a actuar como si fuera la primera vez que lo viera. O sea, es rápida pero sin memoria.
  • INMUNIDAD ADAPTATIVA (o específica): es el sistema de defensa que implica mecanismos que reconocen invasores (como virus) y que después se adaptan para atacarlos sólo a ellos. Tarda en ponerse en marcha un poquito ya que primero debe reconocer al bicho y prepararse con fuerza suficiente como para ganar la batalla. Pero en este caso sí tiene memoria, de modo que si el invasor volviera unos meses o años después, nuestras células de defensas estarían preparadas para volver a atacarlo y esta vez de forma mucho más inmediata.

¿QUÉ LÍNEAS DE DEFENSA TIENEN ESTOS MECANISMOS?

INMUNIDAD INNATA:

  • RESISTENCIA DE LA ESPECIE: son las características genéticas de la especie que protegen el cuerpo frente a ciertos patógenos. Por ejemplo: los humanos no tienen que preocuparse de infectarse del moquillo vírico canino, que sólo afecta a los perros. Y viceversa.
  • BARRERAS MECÁNICAS Y QUÍMICAS: son los impedimentos físicos a la entrada de invasores. Son la primera línea de defensa, una especie de muralla que protege al medio interno de la invasión. Tratan de impedir que entren
    • Piel y mucosas: es la “pared” que separa el medio interno del ambiente exterior. Si tenemos heridas en piel y mucosas es más fácil que por ahí se cuelen invasores (“la pared se resquebraja”)
    • Secreciones: como el sebo, el moco, los ácidos y las enzimas que inhiben químicamente la actividad de los invasores. El ácido del estómago, por ejemplo, forma parte de nuestras barreras defensivas y dificulta la supervivencia de determinados microorganismos ingeridos con los alimentos. Los medicamentos que reducen de manera importante y prolongada la acidez gástrica (ej: Omeprazol) pueden modificar este entorno y se han relacionado con cambios en la microbiota y con un mayor riesgo de algunas infecciones gastrointestinales. Esto no significa que estos medicamentos sean perjudiciales ni que deban evitarse cuando están indicados: simplemente conviene utilizarlos con una indicación médica adecuada y revisar periódicamente si siguen siendo necesarios
    • Microbiota intestinal: los microorganismos que conviven con nosotros en el intestino participan activamente en nuestra fisiología. Interaccionan continuamente con el sistema inmunitario y con la barrera intestinal y producen metabolitos capaces de modular diferentes respuestas inmunológicas.

      Nuestro sistema inmunitario debe hacer algo especialmente complejo: responder frente a microorganismos potencialmente peligrosos y, al mismo tiempo, mantener tolerancia frente a nuestros propios tejidos, los alimentos y buena parte de los microorganismos con los que convivimos.

  • INFLAMACIÓN: el objetivo de la inflamación es aislar a los invasores para permitir a las células de defensa que lleguen a la zona afectada y ataquen. Por eso cuando tenemos una infección la zona se inflama. Nuestro organismo está actuando correctamente. Supongamos que unos invasores han superado las barreras mecánicas y químicas y han llegado al tejido, dañándolo. Esto pone en marcha la liberación de mediadores inflamatorios que atraen a los glóbulos blancos a la zona afectada para destruir a esos invasores. Los mediadores inflamatorios producen los mecanismos que causan los signos típicos de la inflamación: calor, enrojecimiento, dolor, tumefacción. Una vez realizado su trabajo (¡invasor muerto!) la inflamación baja y todo vuelve a la normalidad. Los glóbulos blancos han hecho su trabajo estupendamente y pueden volver a descansar. Sin embargo, interesa evitar la activación inflamatoria mantenida en el tiempo de forma innecesaria (inflamación crónica) – el exceso de tejido adiposo visceral, el sedentarismo, el tabaco, determinadas enfermedades metabólicas, el estrés continuado o dormir sistemáticamente mal, entre otros factores, pueden favorecer un entorno inflamatorio de bajo grado. Esto puede alterar diferentes mecanismos de regulación inmunitaria y se relaciona con un mayor riesgo de diversas enfermedades crónicas. Por eso nuestro objetivo no debería ser “estimular” constantemente las defensas, sino proporcionar las condiciones necesarias para que el sistema inmunitario responda cuando debe hacerlo y vuelva después al equilibrio

  • FIEBRE: si en lugar de en un único punto local la inflamación ocurre en todo el cuerpo, se producirá fiebre. La temperatura elevada facilita los mecanismos del S.I. y también puede inhibir la reproducción de algunos invasores del tipo microbiano. Querer bajar la fiebre a la primera de cambio no es siempre una buena idea (el tratamiento dependerá del contexto, del grado de malestar y de las características de la persona)

  • FAGOCITOSIS: es el proceso por el cual algunos de nuestros glóbulos blancos (fagocitos) “se comen” y destruyen a los invasores. Al hacerlo, a estos glóbulos blancos les quedan restos de los invasores en su superficie, de modo que nuestra inmunidad adaptativa se da cuenta y dice “ojo que aquí hay (o ha habido) invasores” y se pone a trabajar. Después de hacer su trabajo los fagocitos se mueren muy pronto, apilándose en el lugar de la inflamación formando la típica pus blanquecina (en realidad la pus también contiene neutrófilos muertos, restos celulares, microorganismos y líquido inflamatorio) 
  • LOS “NATURAL KILLERS (NK)” (LINFOCITOS CITOLÍTICOS NATURALES): son un grupo de glóbulos blancos que mata a muchos tipos de células tumorales y a células infectadas por varias clases de virus
  • INTERFERONES (IFN): son proteínas sintetizadas por algunas células que tenemos tras haber una invasión vírica. Estas proteínas viajan por la sangre e interfieren con la capacidad del virus de causar enfermedad. Una forma de hacerlo es impidiendo que el virus se replique en el interior de la célula. Por tanto, inhibe la diseminación o el desarrollo posterior de una infección vírica

INMUNIDAD ADAPTATIVA:

  • LINFOCITOS T: coordinan buena parte de la respuesta inmunitaria. Algunos ayudan a activar y dirigir a otras células y otros pueden reconocer y eliminar células infectadas o alteradas
  • LINFOCITOS B: son un tipo de glóbulos blancos que no atacan directamente a los invasores si no que producen moléculas llamadas anticuerpos (también llamados inmunoglobulinas, principalmente IgG, IgA e IgM), que son las que ataca a los invasores o dirigen a otras células, como los fagocitos, para que los ataquen. Su mecanismo de actuación se llama inmunidad mediada por anticuerpos. Para que lo entiendas con un ejemplo famosillo: la mayoría de los tests que se hacían para saber si teníamos COVID19 detectaban estos anticuerpos; si los teníamos, quería decir que en algún momento nuestro cuerpo había estado en contacto con el virus y por lo tanto nuestros Linfocitos B habían empezado a realizar su trabajo
    • IgG: circula en sangre y tejidos y es una de las más importantes para protegernos frente a infecciones
    • IgA: protege especialmente las mucosas (respiratoria, digestiva, urogenital)
    • IgM: suele participar en las respuestas iniciales frente a algunos microorganismos

INMUNIDAD ADQUIRIDA:

Este mecanismo no lo he nombrado antes porque era necesario entender qué son los anticuerpos, espero que así sea más sencillo. Ocurre cuando nuestro organismo ya se ha hecho inmune a un invasor:

  • NATURAL: tras superar una infección, nuestro sistema inmunitario puede generar memoria inmunológica. Si vuelve a encontrarse con ese microorganismo, podrá reconocerlo y responder de forma más rápida y eficaz
  • ARTIFICIAL: las vacunas presentan al sistema inmunitario determinados antígenos o las instrucciones necesarias para producirlos de forma segura, permitiendo generar una respuesta y memoria inmunológica sin tener que sufrir la enfermedad correspondiente.

¿QUÉ LE PUEDE PASAR A NUESTRO SISTEMA INMUNOLÓGICO (S.I.)?

Estos mecanismos de defensa pueden “trastocarse” de muchas formas y esto es peligroso, porque dejarán de cumplir su función de defensa y producir alteraciones de muy leves a muy serias.

  • ALERGIAS: el S.I. reacciona exageradamente ante invasores relativamente inocuos para nosotros. Leche, huevos, cacahuetes, soja, marisco, nueces, … son los famosos alérgenos alimentarios que provocan este tipo de respuesta sólo a algunas personas
  • AUTOINMUNIDAD: el S.I. empieza a atacar a nuestras células sanas por error (las reconoce como “ajenas” cuando no lo son) Y esto puede ocurrir en muchas partes del organismo. Algunas enfermedades autoinmunes conocidas: enfermedad celíaca, hepatitis autoinmune, tiroiditis de Hashimoto, artritis reumatoide, psoriasis, diabetes mellitus tipo 1 
  • INMUNODEFICIENCIA: el S.I. se muestra débil y no defiende lo suficiente. Puede favorecer infecciones, dificultar la eliminación de células dañadas o aumentar la susceptibilidad a ciertas enfermedades (como el cáncer) Puede ser hereditaria o adquirida (infección por VIH, desnutrición, estrés crónico, fármacos inmunosupresores, quimioterapias, radioterapias) A veces se manifiesta como neutropenia (tienes una entrada dedicada más completa aquí), linfopenia (disminución de linfocitos) u otras alteraciones funcionales de las células inmunitarias
  • HIPOGAMMAGLOBULINEMIA: en algunas personas después de ciertos tratamientos hematológicos que afectan directamente a los Linfocitos B (como Rituximab o quimioterapias específicas) la producción de inmunoglobulinas puede quedar disminuida durante mucho tiempo (a eso se le llama hipoinmunoglobulemia secundaria) Si en esta situación ocurren muchas infecciones repetidas, graves o mala espuesta a las vacunas, el equipo médico puede decidir empezar tratamiento con inmunoglobulinas hasta que mejore la evolución del sistema inmune o la clínica de la persona

¿QUÉ PODEMOS HACER NOSOTROS PARA MEJORAR EL SISTEMA INMUNE?

Aquí llega la parte más interesante de este post. Ya, lo sé, hemos tardado un poquito en llegar, pero es que sin entender todo lo demás no tiene mucho sentido ponerse a trabajar ¿no? 

La clave no es tener un sistema inmune “más fuerte” o «más activo» o «más estimulado», sino bien regulado: capaz de responder frente a una amenaza, mantener tolerancia frente a lo que no debe atacar y volver después al equilibrio.

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta ¿QUÉ PODEMOS HACER NOSOTROS? parece obvia: NO DEBILITARLO ¿CÓMO? Con dos estrategias básicas:

  1. Asegurando el aporte de nutrientes que tienen una relación directa con el buen funcionamiento de todas las células y mecanismos del sistema inmune. No es necesario tomar suplementos de forma generalizada, sólo en algunas poblaciones (personas de edad avanzada, bebés menores de 1 año, personas con riesgos específicos) y tras una recomendación médica. Pero sí es imprescindible que nuestra dieta sea lo suficientemente variada y saludable para garantizar el aporte de todos ellos
  2. Cuidando nuestro terreno. Parece evidente que si vivimos en un estado de inflamación continua o crónica, nuestro sistema inmune está todo el día en estado de alerta y esto les provoca “agotamiento” y “confusión”, de modo que pueden dejar de trabajar por cansancio (inmunodeficiencia) o empezar a disparar como locos a nuestras células sanas por colapso (autoinmunidad)

¿QUÉ NUTRIENTES NECESITA NUESTRO SISTEMA INMUNE PARA FUNCIONAR BIEN?

Selenio Antioxidante esencial para una respuesta inmune óptima, que influye tanto en la inmunidad innata como en la adquirida. Un déficit deteriora la producción de anticuerpos y hace que los virus puedan mutar a formas más virulentas Nueces de Brazil (1-2 al día más que suficiente), levadura de cerveza, germen de trigo, carne, pescado, marisco
Cobre Ayuda a que los Linfocitos T tengan una respuesta correcta. Un déficit y un exceso alterarían la modulación del S.I. También tiene función antioxidante, imprescindible para el control de la inflamación Marisco, frutos secos, semillas, cereales integrales, legumbres, algas
Zinc Ejerce una multitud de efectos sobre numerosos tipos de células inmunitarias, y tiene un efecto directo en la función de los fagocitos. Influye en la inmunidad innata y adquirida, apoya la respuesta de los linfocitos T, ayuda a mantener la integridad de la piel y las mucosas. Un déficit afectaría, entre otros, a la actividad de las células Natural Killer (NK) – pero ojo, un exceso mantenido puede provocar déficit de cobre y perjudicar así la función inmunitaria (no suplementar por «libre») Marisco, carne, semillas de calabaza, semillas de sésamo
Hierro Es un mineral esencial para el funcionamiento de todas las células del sistema inmune. Tanto la deficiencia como el exceso pueden resultar problemáticos; el hierro no debe suplementarse “para las defensas” sin valorar previamente la necesidad Carne, pescado, marisco, legumbres
Vitaminas B6, B9, B12 Participan en proliferación celular, síntesis de ADN y diferentes procesos necesarios para la formación y función de las células inmunitarias (especialmente NK y Linfocitos T) Carne, pescado, marisco, hígado, germen de trigo, avellanas, nueces, semillas de girasol, legumbres, vegetales de hoja verde, frutos secos
Vitamina C Participa en diferentes funciones de la inmunidad innata y adaptativa y actúa además como antioxidante. Tiene un papel importante en la actividad de las células Natural Killer (NK) y en la proliferación de los Linfocitos.  Pimiento rojo crudo, perejil, kiwi, cítricos, papaya, fresón, coles de Bruselas (al dente)
Vitamina A Tiene un papel muy importante en la respuesta de los Linfocitos T. Una deficiencia de esta vitamina deteriora la inmunidad innata, induce inflamación, potencia las condiciones inflamatorias existentes y afecta la capacidad de defenderse contra los invasores Hígado, zanahorias, calabaza, espinacas, canónigos, boniato, mango, caqui, albaricoque
Vitamina E Optimiza y mejora la respuesta inmune por medio de las células linfocitos T. La suplementación de personas de edad avanzada podría mejorar la función inmunológica general.

Semillas de girasol, avellanas, almendras, piñones, nueces

Vitamina D Participa en la regulación de numerosas funciones de la inmunidad innata y adaptativa. La deficiencia debe prevenirse y corregirse, especialmente en personas con factores de riesgo. Los niveles bajos de vitamina D se han asociado en estudios observacionales con un mayor riesgo de determinadas infecciones, enfermedades autoinmunes y algunos cánceres

Nuestro organismo puede sintetizar vitamina D mediante la exposición de la piel a radiación UVB del SOL, aunque esta capacidad varía según la época del año, latitud, edad, pigmentación de la piel y otros factores

Alimentos ricos en Vitamina D: pescado (aceite de hígado de bacalao, arenque crudo, sardina cruda, boquerón crudo) huevos, níscalo crudo, champiñón crudo, lácteos fortificados con VitD

ESTILO DE VIDA:

POTENCIAREVITAR
Fuentes de Omega 3 – pescado azul (sardinas, boquerones, caballa, jurel, melva), nueces, semillas de lino y semillas de chía, aporte suficiente de proteínas Productos ultraprocesados (aceites vegetales en exceso) Pizzas, lasañas, snacks de bolsa, embutidos, bollería, déficits nutricionales y suplementación indiscriminada
Cereales integrales y granos completos o mínimamente procesados (sin gluten en caso de celiaquía o SGNC)Cereales refinados
Priorizar variedad, alimentos frescos y poco procesados, de temporada y proximidad. Frutas y verduras de diferentes colores. Hierbas aromáticas y especias. Elegir productos ecológicos puede reducir la exposición a determinados residuos de pesticidasPescados azules muy grandes (tiburón, atún), alimentos de origen y tratamiento desconocido, alcohol, tabaco
Alimentos prebióticos y fermentados: manzana asada, kiwi, zanahorias, cebolla cruda, semillas de lino, semillas de chía, patata y arroz cocido y enfriado, legumbres, setas, avena, cacao puro, kéfir, kombucha, chucrut, tempeh, miso, kimchiTratamientos innecesarios o prolongados sin supervisión (antiácidos, antibióticos, analgésicos) Algunos mediamentos pueden modificar la microbiota intestinal, aunque su efecto y relevancia dependerá del fármaco, la duración y la persona
Respirar y masticar con calma, coherencia, meditación y estimulación del nervio vagoEstrés crónico y continuo, vida incoherente, ansiedad, hiperestimulación
Moverse a diario y realizar ejercicio físico regularmente, combinando actividad aeróbica y trabajo de fuerza adaptado a cada personaSedentarismo
Sueño de calidad y respeto de los ritmos circadianosDormir a deshoras, irse a la cama con pantallas y luz
Relaciones sociales, tiempo al aire libre, contacto con la naturaleza, exposición controlada a la luz del sol Aislamiento social mantenido

En resumen…

No existe un alimento, suplemento o truco capaz de “subir las defensas”. Lo que sí podemos hacer es evitar deficiencias y proporcionar cada día el entorno nutricional, metabólico y de estilo de vida que permita a nuestro sistema inmunitario hacer correctamente su trabajo

Quizás pienses que realmente es demasiado y no puedes hacer nada… o no, quizás esta pequeña lectura te ayude a entender que tenemos la clave de nuestro autocuidado. Vivir más sintonizados con nuestra fisiología y menos con las nuevas tecnologías. Desde la calma y la conciencia, tomando decisiones que nos acerquen a cómo queremos BIEN-vivir. 

¿Quieres que te ayude en tu proceso?

2 comentarios en «El sistema inmune ¿qué es y cómo se cuida de verdad?»

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